Derek Thompson carlos velo psicología felicidad

Felicidad: qué y cómo

Para los que quieren saber de qué hablamos cuando hablamos de felicidad, y no quieren un saco de ñoñerías insustanciales por el camino.

Psicología de la felicidad que no empalaga

1. El problema de definir la felicidad

Seamos realistas, la felicidad es un concepto ambiguo. Se trata de una de esas palabras que todos usamos pareciendo que nos entendemos pero que, en realidad, cuando alguien pregunta sobre qué es, o qué es «para ti«, se desata una tormenta de divagaciones y discusiones bizantinas sobre el sexo de los ángeles.

Los que me conozcan un poco saben lo que me gusta remarcar la cantidad de problemas que surgen al intentar aplicarse a uno mismo valores de constructos tan difusos: la cosa no suele funcionar.

En este sentido, la felicidad es el gran ganador de internet, y no suele aparecer solo, sino que puede llevar otros compañeros como el éxito, el desarrollo personal, la satisfacción vital, o la búsqueda del bienestar. Así que, si no estamos bien prevenidos, podemos acabar picando con deformaciones y barbaridades que tienen más de divagación que de contenido real.

Repito: andar por el mundo con ideas erróneas es peligroso. Las explicaciones literarias, pomposas y poco concretas no ayudan a saber qué hacer ni tampoco a aprender a analizar bien las situaciones.

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Ilustración de John Holcroft (enlace en la imagen)

Ahora bien, para ser justos hay que decir que, a día de hoy, la psicología tiene información suficiente para poder enfocar el tema con fiabilidad y un poquito de precisión.

Aunque lo que se llama felicidad en un contexto cotidiano no suele aparecer como tal de forma rigurosa dentro del ámbito académico, igualmente nos vale con lo que hay: normalmente, solemos hablar de bienestar emocional, o esa sensación continuada de estar vitalmente satisfecho en términos generales sobre distintos ámbitos del día a día1

El nombre es lo de menos. Lo que queremos son los modelos bien estudiados que hablan de bienestarfelicidad (alguna vez) calidad de vida. En la imagen pongo una diapositiva de mi presentación en la conferencia «Mother and Child. A modern look at the quality of life in HIV infection» de San Petersburgo, en la que aparecen sólo algunos de los más extensamente aceptados.

Nota para puristas: La pirámide de Maslow no es exactamente un modelo… Pero lo dejamos por su buen ojo y por su valor histórico.

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Referencias 2 a 6

Existen muchos modelos, sí, pero aunque usen palabras diferentes (no les vendría mal un poquito de desambiguación), todos hablan esencialmente de lo mismo.

Así que podemos concluir que es posible conocer y trabajar los ámbitos que probablemente sean más útiles para llegar a ese bienestar que buscamos.

Así que vamos a ello.

2. La parte personal

La parte personal es más o menos lo que parece: ¿qué puedo hacer yo con mi cabeza para dirigirla a eso de la felicidad?

Seligman5 habla de «sentido», «consecución», «compromiso/enganche», «relaciones positivas» y «emociones positivas» (esta última se usa en psicología para referirse al optimismo/pesimismo). Por su parte, Duckworth y sus compañeros6 hablan más o menos de lo mismo, y Ryff3,4 lo extiende un poquito más con la aceptación y la autonomía.

Lo que quieren decir, básicamente, es que la vida tiene que dirigirse a aquello que nos parece importante, con la gente que nos parece importante. Parte de conseguir la felicidad es descubrir qué es lo que más nos motiva, que no tiene que ser lo mismo para todos. Otra parte será elaborar un plan, y otra más, ir consiguiéndolo poco a poco.

Así, cuando hablamos de felicidad no nos referimos a un estado de alegría como emoción, sino a una satisfacción, la sensación de estar complacido y determinado a afrontar los problemas y a aprovechar las situaciones que se sucedan. Es decir, enfocando esta sensación hacia el largo plazo1, y resistiendo los momentos de tristeza o enfado que, con toda probabilidad, aparecerán tarde o temprano.

Para entrar un pelín más en detalle voy a usar el modelo propuesto por la investigadora Carol Ryff3,4 (y su equipo, que los investigadores solitarios no existen), según el cual, el bienestar emocional se puede dividir en 6 puntos:

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@carlosvelo.ps (enlace en la imagen)

Básicamente esto: un claro establecimiento de objetivos, una actitud proactiva hacia ellos, apoyo de relaciones sociales satisfactorias, con algo de autonomía y algo de control sobre el entorno, y, finalmente, paciencia para lo que no sea posible manejar. 

No dice poco. Todo ello condiciona la sensación a largo plazo de avanzar en “lo que quiero” y sentir que puedo tomar decisiones sobre ello. Se rápido pero conseguirlo no es tan fácil.

Cuantos más reforzados tenga estos 6 factores, más resistente será mi bienestar ante los problemas que surjan. Cuanto menos reforzados… Pues eso.

3. La parte material

Los modelos amplísimamente estudiados sobre calidad de vida7-11 lo tienen claro: hay factores personales y emocionales que son relevantes, otros que incluyen el entorno social y sus actividades, y también están las condiciones materiales y económicas. Lo material importa. La calidad de vida no es sólo salud. Es salud en contexto y con los recursos adecuados9

De hecho, está bastante estudiado cómo los factores económicos, ambientales y comunitarios tienen un peso enorme sobre la salud mental

Os doy una visión más precisa sobre dinero y felicidad en este artículo.

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No he encontrado el enlace de la fuente 🙁

Tenemos datos que apoyan sobradamente que el dinero condiciona nuestro bienestar y también otros que describen cómo la suerte es determinante para llegar a él, aunque no todos tengamos la misma probabilidad de toparnos con ella. Los que me sigáis veréis que tengo el blog e Instagram plagados de estudios en este sentido.

Otro dato curioso es el que describe Robert Putnam en Bowling Alone: entre 1940 y 1950, en EEUU, la gente joven era más «feliz» que la mayor, en 1975 no había un patrón, y en 1999 se vio al revés. Los jóvenes acabaron siendo más «infelices» que los adultos. ¿Tiene algo que ver eso con la progresiva precarización del tejido laboral de la que habla Anne Helen Petersen en «No puedo +«?

Desde luego es sólo una teoría. Robert expone las suyas, incidiendo también en la reducción de la actividad comunitaria… Igualmente todo puede encajar con nuestros modelos de bienestar.

Sin embargo, también es honesto decir que la riqueza no es absolutamente determinante12. En todo caso, al alcanzar un nivel suficiente de seguridad económica se produce un efecto techo tras el cual el nivel de “felicidad” no continúa ascendiendo. El dinero parece ser condición necesaria pero no suficiente13.  

La típica conclusión que no pone las cosas fáciles.

4. La parte social

“En este ámbito, Hervás apunta a que muchas veces miramos en el sitio equivocado. No hay nada que sustituya un café con un buen amigo. Las redes sociales pueden generar una sensación ficticia, los links pueden generar experiencias parecidas a las del consumo, pero se trata de nuevo de picos de emocionalidad positiva. No es ningún ingrediente que aporte un bienestar estable.” 

De la noticia –mitos sobre la felicidad-.

Como humanos, varios de nuestros instintos más primitivos se enfocan a la interacción social. Evolucionamos, nos desarrollamos y nos completamos en grupos. Nos va la vida en nuestra actividad con otros.  

Uno de los estudios que más me gustan ilustrando esto es el de Fowler y Christakis14, en el que hablan de cuánto de felices (aparición de emocionalidad positiva y no aparición de sintomatología depresiva) están las personas en función de su red social y de la positividad que se desprenda de ésta: «la difusión de la felicidad».

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Extraído de: Fowler & Christakis, 2008 (ref. 14)

Resulta que la situación geográfica en una red de personas que promociona emociones positivas parece ser un factor clave para explicar las diferencias de bienestar entre personas.

«While there are many determinants of happiness, whether an individual is happy also depends on whether others in the individual’s social network are happy. Happy people tend to be located in the centre of their local social networks and in large clusters of other happy people.»

Traducción: «Mientras que hay muchos condicionantes de la felicidad, una persona es feliz tanto en cuanto otras personas de su red social lo sean. La gente feliz tiende a situarse en el centro de sus redes sociales en grandes conglomerados de gente feliz.»

Extraído de: Fowler & Christakis, 2008 (Ref. 12)

Y voy a poner un ejemplo más con esta revisión de datos del World Values Survey donde se encontró algo bastante significativo: las personas que tienen contacto con amigos mensualmente responden (casi) sistemáticamente ser más felices que aquellos que tienen menos contacto.

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En azul el bajo contacto y en verde el mayor. Enlace a la fuente en la imagen

No hay duda. Somos más felices con gente alrededor que sin ella. 

Aprovechemos que lo tenemos tan claro.

5. La parte física

Los estudios que relacionan la falta de actividad en general con la depresión y peor rendimiento cognitivo son tan extensos y replicados que no se discuten a día de hoy15.

A grandes rasgos, lo que dicen es que el hecho de estar involucrado en diferentes actividades funciona como factor protector contra las emociones negativas intensas y también contra los síntomas depresivos. Y, ya para matrícula, no tenemos ninguna duda de que una de esas actividades es el ejercicio físico.

Vamos, que estar activo, moverse, y hacerlo con gente, especialmente en entornos naturales, es una de las mejores medicinas preventivas que puedes usar.

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Enlace a la fuente en la imagen

Me gusta mucho uno de los cientos de estudios que hay apoyando esta conclusión en el que Lathia, Sandstrom, Mascolo, y Rentfrow16 señalaron que en la gente que tiene actividad física diaria, tanto si es un entrenamiento riguroso o no, encuentran mejores indicadores tanto de salud física como de felicidad (bueno, de bienestar emocional).

happy rugby world cup GIF by World RugbyHay suficiente evidencia científica como para afirmar sin duda que17,18

a cualquier edad19 

esto funciona.

6. La parte laboral

“ «Está demostrado que (el trabajo) es capaz de provocarnos placer. Que una cantidad correcta y concreta de trabajo que nos motive sí que puede activarnos esas áreas cerebrales (relacionadas con sensación de bienestar)», lo explica Pedro Bermejo, neurocientífico y autor del libro Neuroeconomía.»

Extraído de la noticia: «Mitos sobre la felicidad«.

Parece que si me planteo el trabajo como un espacio en el que ponerme objetivos, desarrollarme personal y profesionalmente y conseguir también un reconocimiento por ello, pues efectivamente éste puede ser un foco perfectamente útil de producción de bienestar20. Al final, así es una forma más de estar activo y relacionarme con mi entorno.

Trabajar puede ser un infierno21 o puede ser un placer y una satisfacción22,23. Evidentemente, cualquiera de los dos modos sumará positiva o negativamente sobre el cómputo global. Es tan simple como se podría haber previsto.

«Las personas con mayor satisfacción de vida gozan de mejor salud física, mayor logro profesional, mejores relaciones sociales y mayores contribuciones económicas para su sociedad.»

Citado de Adler (2017) (Ref. 23)

7. Conclusiones

Este artículo es un poco tramposo, porque presenta brevemente áreas y perspectivas que dan para mucho más, así que echarle mano a todo ello no es fácil, requiere trabajo y tiempo. Aplica paciencia

No olvides que necesitarás auto-aceptación. Llegarán las etapas de infelicidad, las emociones negativasfrustración… Ello no significará fracaso, significará que la vida sigue, que el mundo gira y que las situaciones se suceden. Tu actitud y tus acciones ante esos bajones importan.

Eso del «bienestar emocional estable» no parece fácil de conseguir, pero la parte buena es que sabemos mucho sobre cuál es el camino.

Los pasos son lentos, pero satisfactorios.

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@carlosvelo.ps (enlace en la imagen)

5. Referencias

  1. Vázquez, C., Hervás, G., Rahona, J. J., & Gómez, D. (2009). Bienestar psicológico y salud: Aportaciones desde la Psicología Positiva. Anuario de Psicología Clínica y de la Salud, 5(1), 15-28.
  2. Maslow, A. H. (1943). A theory of human motivation. Psychological review, 50(4), 370.
  3. Ryff, C. D., & Singer, B. (1996). Psychological well-being: Meaning, measurement, and implications for psychotherapy research. Psychotherapy and psychosomatics65(1), 14-23.
  4. Ryff, C. D. (1989). Happiness is everything, or is it? Explorations on the meaning of psychological well-being. Journal of personality and social psychology, 57(6), 1069.
  5. Seligman, M. E. (2004). Authentic happiness: Using the new positive psychology to realize your potential for lasting fulfillment. Simon and Schuster.
  6. Duckworth, A. L., Peterson, C., Matthews, M. D., & Kelly, D. R. (2007). Grit: perseverance and passion for long-term goals. Journal of personality and social psychology, 92(6), 1087.
  7. Li, X., Chi, P., Sherr, L., Cluver, L., & Stanton, B. (2015). Psychological resilience among children affected by parental HIV/AIDS: a conceptual framework. Health psychology and behavioral medicine3(1), 217-235.
  8. WHOQoL Group. (1993). Study protocol for the World Health Organization project to develop a Quality of Life assessment instrument (WHOQOL). Quality of life Research, 2(2), 153-159.
  9. Smith, K. W., Avis, N. E., & Assmann, S. F. (1999). Distinguishing between quality of life and health status in quality of life research: a meta-analysis. Quality of life research8(5), 447-459.
  10. Linton, M. J., Dieppe, P., & Medina-Lara, A. (2016). Review of 99 self-report measures for assessing well-being in adults: exploring dimensions of well-being and developments over time. BMJ open6(7), e010641.
  11. Bakas, T., McLennon, S. M., Carpenter, J. S., Buelow, J. M., Otte, J. L., Hanna, K. M., … & Welch, J. L. (2012). Systematic review of health-related quality of life models. Health and quality of life outcomes10(1), 1-12.
  12. Kahneman, D., Krueger, A. B., Schkade, D., Schwarz, N., & Stone, A. A. (2006). Would you be happier if you were richer? A focusing illusion. science, 312(5782), 1908-1910.
  13. Myers, D. G. (2000). The funds, friends, and faith of happy people. American psychologist, 55(1), 56.
  14. Fowler, J. H., & Christakis, N. A. (2008). Dynamic spread of happiness in a large social network: longitudinal analysis over 20 years in the Framingham Heart Study. Bmj337, a2338.
  15. Pérez Álvarez, M. (2007). La activación conductual y la desmedicalización de la depresión. Papeles del Psicólogo, 28 (2).
  16. Lathia, N., Sandstrom, G. M., Mascolo, C., & Rentfrow, P. J. (2017). “Happier people live more active lives: using smartphones to link happiness and physical activity.” PloS one, 12(1).
  17. Koydemir, S., Sökmez, A. B., & Schütz, A. (2020). A Meta-Analysis of the Effectiveness of Randomized Controlled Positive Psychological Interventions on Subjective and Psychological Well-Being. Applied Research in Quality of Life, 1-41.
  18. Wiese, C. W., Kuykendall, L., & Tay, L. (2018). Get active? A meta-analysis of leisure-time physical activity and subjective well-being. The Journal of Positive Psychology13(1), 57-66.
  19. Won, D., Bae, J. S., Byun, H., & Seo, K. B. (2020). Enhancing subjective well-being through physical activity for the elderly in Korea: a meta-analysis approach. International journal of environmental research and public health17(1), 262.
  20. Rothmann, S. (2008). Job satisfaction, occupational stress, burnout and work engagement as components of work-related wellbeing. SA journal of industrial psychology, 34(3), 11-16.
  21. Fisher, C. D. (2010). Happiness at work. International journal of management reviews12(4), 384-412.
  22. Allen, M. S., & McCarthy, P. J. (2016). Be happy in your work: The role of positive psychology in working with change and performance. Journal of Change Management16(1), 55-74.
  23. Adler, A. «Educación positiva: Educando para el éxito académico y para la vida plena. Papeles del Psicólogo (2017) Vol. 38 (1), pp. 50-57.

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